El ritmo de las estaciones en Ayurveda


Según la antigua medicina india, todo lo que nos rodea tiene una influencia primordial en nuestra salud física y mental. Entre las tres causas de enfermedad que Āyurveda describe con precisión desde los textos más antiguos, encontramos Kala Pariṇāma que define nuestras relaciones con el tiempo externo, por lo tanto las estaciones, pero también el paso del tiempo interno o nuestro reloj biológico. Sorprende observar cómo los antiguos médicos ayurvédicos dedicaban tanto tiempo y cuidado a indicar al paciente los ajustes necesarios en el estilo de vida y la alimentación según el paso de las estaciones.



Los Cinco Grandes Elementos y el Doṣa La naturaleza en todas sus manifestaciones es expresión de los Cinco Grandes Elementos (Pancamāhābhūta), es decir, éter, aire, fuego, agua y tierra que hacen visible su presencia a través de sus propiedades perceptibles que, en Āyurveda, se denominan Guṇa. Sin embargo, las propiedades no se manifiestan individualmente sino que es a través de sus agregados que pueden ser percibidas por nuestros sentidos. Estos agregados se definen en Āyurveda con el nombre de Doṣa. Tendremos pues en Doṣa Vāta que es una expresión de la combinación de éter y aire, Doṣa Pitta que está formada por fuego y agua, y Doṣa Kapha determinada por agua y tierra. El ritmo de las estaciones, por lo tanto, es una expresión del cambio en las proporciones de estos Cinco Grandes Elementos en el medio ambiente.


Este cambio se debe al movimiento elíptico de la tierra alrededor del sol que determina una mayor o menor intensidad de los rayos solares sobre la superficie terrestre. La interacción entre la naturaleza de los rayos del sol y la atmósfera determina, por tanto, variaciones en el medio ambiente que, a su vez, repercutirán en nuestra fisiología. En Āyurveda las estaciones, precisamente en virtud de estos cambios ambientales, son vistas como importantes momentos de transición que, a nivel psicofísico, darán lugar a manifestaciones típicas de adaptación a la nueva estación.


Lo similar aumenta lo similar y disminuye lo que es diferente


Un concepto ayurvédico fundamental dice que “lo similar aumenta lo similar y disminuye lo diferente”; el efecto de los cambios ambientales en los organismos sigue esta regla. Pongamos un ejemplo práctico, durante la temporada de invierno, las cualidades que podemos percibir en nuestro entorno son: frío, húmedo, lento, pesado ect.. y podemos reconocer como nuestra fisiología, y en ocasiones hasta nuestros estados mentales, se reflejan en nosotros un aumento de estas cualidades. De hecho, los estados depresivos latentes, que expresan las cualidades de Kapha Doṣa, tienden a empeorar, al igual que las deficiencias metabólicas. Con la llegada de la primavera, caracterizada por cualidades profundamente diferentes, nuestro organismo hasta entonces adaptado al clima invernal, se ve sometido a un impulso natural hacia el cambio que requiere la nueva estación y nuestra respuesta no siempre es la adecuada.


Podemos ver, por ejemplo, cómo durante el invierno se produce una acumulación general de mucosidad, ya que aumenta con fines protectores tras la estimulación ambiental pero, una vez terminada su función fisiológica, si no se expulsa correctamente, provocará un verdadero y la adecuada explosión de dolencias típicas como resfriados, rinitis, alergias respiratorias y bronquitis.



Un método diferente de preparación para cada estación diferente De hecho, según el Ayurveda, es necesario avanzar hacia algunas técnicas de purificación específicas que ayuden al cuerpo a lidiar con este cambio eliminando todas aquellas cualidades que eran útiles en invierno, pero que ya no son necesarias y también pueden ser perjudiciales. Estamos acostumbrados a pensar en la primavera como el momento ideal para la renovación del cuerpo, y es cierto, la naturaleza despierta en todas sus manifestaciones, pero según el Ayurveda necesitamos de todos modos purificarnos en cada cambio de estación como es necesario para eliminar las acumulaciones de Doṣa típicas de la temporada anterior. Entonces, cada cambio de estación proporciona un modo diferente de purificación y preparación.


La distancia que hemos tomado los hombres con la Naturaleza, que sabe exactamente lo que necesitamos, y nuestro comportamiento cada vez más desviado, nos lleva a comportamientos estandarizados que ya no responden a necesidades instintivas y reales. Pensemos, por ejemplo, en la disponibilidad de alimentos que no respeta el ciclo de la Naturaleza y los horarios dictados por las necesidades económicas y sociales a pesar de nuestra biología. Siguiendo su instinto, los animales ya saben cómo prever el cambio de estación, ya que siguiendo lo que la Naturaleza pone a su disposición, automáticamente se alimentan de forma adecuada, ayudando así a que su fisiología se adapte mejor. Lo que podemos hacer para favorecer una adaptación paulatina a la nueva estación, en este caso la primavera, es empezar ya en las últimas semanas del periodo invernal a cambiar algunos de nuestros hábitos alimenticios y de conducta.