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El Amaranto



El amaranto, al igual que la quínoa, es considerado como un pseudocereal. Pesar que se trata de un alimento con las características de los cereales, sus altos contenidos en proteínas hacen que se parezca a las legumbres en este aspecto. Este cereal tiene más de 60 variedades y, en función de cada una, su forma de consumo es a través de los granos o las propias hojas.


Independientemente del consumo, la ingesta de amaranto le aportará al organismo numerosos beneficios entre los que se encuentran el fortalecimiento del sistema inmunológico, mantener el cuerpo con energía, control del colesterol, entre otros. La kiwicha, como también se conoce al amaranto, es de origen maya. Su cultivo suele realizarse en zonas de climas cálidos como México, la India, o países de Sudamérica.


Cuando el amaranto crece puede llegar a medir 4 metros de altura, entre los que contienen las largas hojas que se comen, así como el grano situado en sus florecidas espigas. El amaranto es una gran fuente de proteínas. Entre sus propiedades se encuentra el 17% de proteínas, al igual que en cualquier otro de los aminoácidos esenciales. La kiwika también es un cereal repleto de fibra y minerales, entre los que destacan el calcio, magnesio, hierro, potasio o zinc, entre otros y sus acciones contra la osteoporosis, el mantenimiento de la energía en el cuerpo, eliminar la anemia, etc. Además, el hecho de poseer un conjunto de aminoácidos le permite controlar los niveles de colesterol. La kiwicha es un cereal que no contiene gluten, por lo que cualquier persona celiaca podría ingerirlo.


Aumenta el rendimiento físico y mental. Se considera muy recomendable para personas que realicen un gran desgaste físico. Y también para estudiantes y otras personas que realizan actividades intelectuales.

Su bajo índice glucémico lo convierte en un buen alimento para el cerebro. Sus hidratos de carbono complejos, la fibra vegetal y sus proteínas contribuyen, en conjunto, a facilitar un suministro constante de glucosa a las neuronas.

Amigo del corazón. Regula los niveles de colesterol sanguíneo impidiendo la reabsorción del colesterol que produce la bilis. El amaranto es más rico en grasas que la avena y estas son de gran calidad, principalmente poliinsaturadas. Por todo ello es un alimento cardiosaludable.


Además, posee compuestos fenólicos, de efecto antioxidante, y betasitosterol, que contribuye a disminuir el colesterol. Estos compuestos también son útiles en casos de hiperplasia benigna de la próstata.

Huesos más fuertes. La combinación de calcio, magnesio y fósforo fortalece el sistema óseo y contribuye a proteger frente a la osteoporosis.

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