Cerebro y lenguaje: aprender un nuevo idioma lo cambia



El aprendizaje de un nuevo idioma provoca cambios tanto a nivel estructural del cerebro como en el procesamiento de la percepción de la realidad. Esta hipótesis ha sido confirmada por múltiples estudios.


De hecho, está ampliamente demostrado que, incluso en adultos, el aprendizaje de lenguas extranjeras va acompañado de un cambio estructural en las regiones cerebrales implicadas en el lenguaje y un aumento del volumen de su materia gris. Estos cambios obviamente subyacen a una variación a nivel microestructural, es decir, de neuronas, células gliales y sus conexiones sinápticas.


En particular, se observó que el hipocampo y áreas del lóbulo temporal izquierdo son estructuras que han demostrado ser importantes para el aprendizaje de un nuevo idioma. Como ya se mencionó, el hipocampo es crucial para la formación de la memoria a corto y largo plazo, pero también se le conoce como la estructura más afectada en la enfermedad de Alzheimer.


En este sentido, es interesante señalar que las personas bilingües tienden a tener una aparición más tardía de la enfermedad de Alzheimer en comparación con las personas monolingües. Como si el aumento de volumen del hipocampo inducido por el bilingüismo jugara un papel protector, quizás amortiguador, contra la neurodegeneración.


Los distintos lenguajes manifiestan la infinita adaptabilidad del hombre y tienen características particulares, tanto desde el punto de vista estructural como lógico. La forma de formar las palabras, las reglas gramaticales y sintácticas son los elementos fundacionales de una lengua.


Considerando la estrecha relación que existe entre cerebro y lenguaje, es razonable decir que un lenguaje expresa en su estructura el esquema funcional del sistema cognitivo al que pertenece. Por lo que aprender un nuevo idioma implicaría la posibilidad de asimilar también un sistema diferente de elaboración del pensamiento y por tanto de percepción de la realidad.



El lenguaje de los Dioses: Sánscrito Entre los diversos idiomas que existen en el mundo, hay alrededor de 7.000, hay algunos con características estructurales muy particulares, que más que otros pueden influir en la estructura cognitiva. El sánscrito es uno de ellos. La estructura gramatical del sánscrito es tan compleja y completa que ha sido tomada como referencia por la informática moderna. Las 3.959 reglas definidas por el gramático Pāṇini anticipan la lógica formal matemática moderna y los metalenguajes utilizados para el diseño de lenguajes de programación informática.


La principal característica que diferencia al sánscrito de las lenguas modernas radica en el hecho de que sus palabras están compuestas en su mayor parte por raíces verbales y no representan objetos sino sus propiedades. Esta característica conduce a una falta de unicidad entre palabra y objeto, si no en muy pocos casos, como por ejemplo para los números.


La realidad descrita por el sánscrito es, por tanto, dinámica y no está aprisionada en la naturaleza estática del objeto. Por ejemplo, una palabra sánscrita para "árbol" es vṛkṣa, que literalmente significa "algo que se corta y cae": es obvio que esta propiedad de caer cuando se corta también se puede aplicar a otras entidades que no son un árbol.


Las palabras, por lo tanto, cambian en relación con la propiedad que más representa la función del objeto considerado. De hecho, si queremos centrarnos en el hecho de que el árbol tiene raíces que extraen nutrientes del suelo, usaremos la palabra pādapa que significa "algo que bebe con los pies".


Según esta lógica, cualquier persona puede acuñar una palabra sánscrita basándose en las propiedades de un objeto, incluso si se desconoce. Las palabras se forman de acuerdo con un algoritmo específico llamado vyākaraṇa que reúne morfemas que indican propiedades simples para formar agregados complejos. Así que el número de palabras que se pueden formar en sánscrito es virtualmente infinito. El aspecto peculiar del sánscrito en la práctica es que la gramática y la semántica se fusionan en una entidad coherente y no están separadas como en otros idiomas. Lo dicho es un indicio de la complejidad y diversidad del modelo cognitivo que corresponde a la lengua sánscrita, y que describe un mundo interconectado y en constante cambio. Un mundo descrito a través del lenguaje sánscrito ciertamente adquiere dimensiones diferentes, y de hecho la ciencia védica describe una realidad mucho más cercana a la descrita por la física cuántica moderna a la que se aproxima conceptualmente