La meditación y la mente


El pensamiento de las diversas filosofías hindú así como el de Āyurveda ven en la mente nuestro verdadero y principal obstáculo, es lo que nos engaña y confunde y, como una cortina de humo, nos separa de nuestra esencia más verdadera e íntima. Todos los textos más antiguos advierten sobre el poder ilusorio de la mente y este tema es tan importante que se ha convertido en el núcleo de muchos poemas, incluidos el Mahabharata y el Bhagavad Gita. Varias prácticas meditativas siempre han sido indicadas para compensar los engaños de la mente y la meditación en este sentido representa el punto más profundo de contacto con nuestro verdadero Ser.


Sin embargo, para adentrarnos en el significado más profundo de este concepto debemos entender cómo se considera la mente en Āyurveda y en las principales corrientes filosóficas hindús. Nuestro viaje comienza muy lejos y debemos partir del cigoto, el ente celular que se origina a partir de la fecundación del ovocito femenino por el espermatozoide. Esta célula está sometida a diversos estímulos ambientales a los que responde gradualmente adaptándose, es decir, modificando sus características para poder sobrevivir. Después de la implantación, el cigoto comienza a multiplicarse y pronto se convierte en un grupo organizado de células que adquiere una forma bien definida, a saber, la de un feto.



¿Qué sucede en la barriga de la madre?

Este proceso se produce en base a la continua adaptación que sufre este conjunto celular. Los estímulos ambientales, que ahora son también los de las células recién formadas, inducen transformaciones, activaciones y desactivaciones de genes, cambios bioquímicos y de comportamiento que se suman al programa intrínseco de las células individuales y ya definen la constitución del individuo en esta fase.


La red de estos estímulos y la cantidad de información se vuelve cada vez más compleja a medida que las células aumentan en número y, por lo tanto, el feto crece. La información se convierte en experiencias almacenadas en la memoria celular y pasarán a formar parte de evaluaciones posteriores. El momento del nacimiento En determinado momento la cantidad de información a manejar es tan compleja que se definen canales específicos y así nacen los sentidos y órganos de los sentidos. El feto está casi completo; sin embargo, su forma, sus funciones, sus percepciones continúan moldeándose y adaptándose a lo largo del embarazo.


Llegamos así al punto crucial en el que se produce la "ruptura del equilibrio" entre la madre y el feto y ya no es posible continuar con esa relación osmótica. Se lleva a cabo el parto y el nacimiento del niño. La transición del medio uterino al medio externo es traumática: los parámetros ambientales cambian radicalmente, ya no hay líquido amniótico sino aire, ya no hay oscuridad sino luz.



Percepción sin juicio

Este cambio radical desencadena toda una nueva cadena de nuevas adaptaciones y transformaciones. Entonces se forman nuevos recuerdos y experiencias para proporcionar las referencias esenciales. El modelo de realidad que se forma en el niño es ahora un modelo completamente nuevo, el niño crece así y, estimulado por el medio, se adapta siguiendo el programa de su propia constitución.

Sus percepciones se procesan sin juzgar, todo es puro y las respuestas también, pero alrededor de los 18 meses de edad, sin embargo, ocurre un nuevo evento y surge un fenómeno extraordinario. El niño toma conciencia de ser el centro de la red de información y percepciones, de ser el que percibe y responde: toma así conciencia de su propia individualidad. Dieciocho meses, la mente emerge Así nació la mente. A partir de este momento el niño se reconocerá en el espejo, sabrá que es el centro de las percepciones y el autor de las respuestas. Cada nueva percepción será un elemento más de la experiencia e imagen que tendrá de sí mismo. De hecho, a partir de aquí comienza la construcción del ego o lo que el individuo cree ser a partir de su propia percepción y procesamiento sensorial personal. El ego y la mente se superponen, lo que pasa a formar parte de uno condicionará el funcionamiento del otro. A medida que el individuo crece, esta construcción se vuelve multifacética y única, definiendo la personalidad y el carácter. Eventos, experiencias, pensamientos, emociones encontrarán un espacio en el teatro de la mente y todo se verá reflejado en la construcción del ego. La limitación de las percepciones es fundamental pero, como parece ser la única referencia concreta, el individuo las considera como la única verdad y se sigue que también creerá verdadero y auténtico el modelo relativo de la realidad.