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LA MEDITACIÓN ES: PERMANECER EN SILENCIO. EL SILENCIO NOS DEVUELVE A LA CONCIENCIA


Me gustaría decirte que no necesitas un curso.

No necesitas ropa especial.

No necesitas estar en una montaña lejana

No necesitas cronometrarte

No necesitas una técnica

Para meditar, no necesitas nada más que a ti mismo.


Meditar es el estado natural en el que nació el hombre, y con la modernidad y la rapidez se ha ido cubriendo para dar paso a la prisa y la ansiedad. Esta forma de vida todavía está dentro de nosotros, solo tenemos que desempolvar esta memoria antigua.


Me gusta pensar que la meditación puede tener lugar en cualquier momento del día cuando puedo traer conciencia y atención plena a lo que hago. Me encanta meditar cuando camino o cuando simplemente estoy sentado y observo lo que sucede a mi alrededor. A veces medito mientras limpio o incluso en la cola del supermercado. Por supuesto, en mi tiempo libre también medito sentado con los ojos cerrados.


Meditar es: ¡La meditación es tan personal que cada uno es libre de vivirla como prefiera! ¡No hay reglas! Me preguntaba cómo expresar mejor esta forma de vivir la meditación y por eso pensé en una serie de artículos llamados "Meditar es", cada vez introduciendo un tema diferente, un nuevo punto de vista, que puede ayudar a cualquiera que quiera acercarse al mundo de la meditación. meditación; para tener ideas más claras, sugerencias, o incluso confrontarte para evaluar si todo va de la mejor manera.

“¡Que al plantar una semilla, brote en ti la flor de la conciencia!”


Toma de conciencia “Estaba tan enojado y cansado que aprendí Silence. En esa ausencia de ruido, encontré paz y meditación”. Ahora, cada vez que noto tensión en mi cuerpo, permanezco en silencio y en esa quietud encuentro mi meditación. En ese silencio observo los problemas del día desde nuevos puntos de vista, mis angustias disminuyen y me siento mejor. Y es así de simple, solo recuerda… no hablar por un tiempo. “Cuanto más permanecía en silencio, más entendía que las palabras a menudo se desvían del camino de la comprensión mutua”. Los animales y su forma de intercambiar información me hizo reflexionar sobre lo comunicativos y casi telepáticos que son sin utilizar necesariamente el sonido. ¿Alguna vez has observado a un gato o un perro durante más de unos minutos? Vaya más allá de las caricias y los festines, solo observe cómo se mueven y la forma en que intentan decirnos si tienen hambre o si necesitan un artículo determinado. Lo cierto es que los ojos pueden decir más que una frase, al igual que los gestos y el contacto.


La magia del silencio ¿Alguna vez has tratado de estar en silencio durante una hora entera? En ese silencio, en esa ausencia de ruido, hay presencia, hay meditación. No es tanto estar en silencio solo. Ciertamente volvemos a nuestro cuerpo, sentimos la respiración, los latidos del corazón y escuchamos los ruidos y sonidos que nos rodean. Todo esto se amplifica cuando estás con otra persona, el silencio se vuelve nuevo. Por una serie de instintos naturales y primordiales, los humanos somos espejos. Nos comportamos como los que tenemos delante, queremos ser similares y comunicarnos con personas que hablen y piensen como nosotros. Desprenderse de todo esto no es obvio, no es fácil, nadie nos enseñó eso, sin embargo, si lo conseguimos podemos beneficiarnos mucho de ello. El silencio es un gran poder. En silencio puedo sentirme centrado, relajado en mi ser y en paz. Finalmente puedo entender y sentir que otras personas no pueden traerme disgusto o dolor, todo depende de cómo interpreto lo que me dicen y lo que decido hacer con esas palabras. Solo yo puedo pensar dentro de mi mente. En mi espacio de paz solo estoy yo. Y observo. Y el silencio parece hacer espacio en mi mente, parece despejar mis pensamientos. Espacio para nueva creatividad y nuevas emociones, nuevos puntos de vista. En el silencio encuentro una confianza en la vida que creía haber perdido. Las cosas más importantes de la vida, en cambio, suceden sin hacer ruido.


Regalarnos silencio Amablemente pídale a usted mismo que permanezca en silencio. No importa cuánto, puede ser una hora o diez minutos. La idea de verse obligado a permanecer en silencio le dará ganas de hablar: simplemente tome conciencia de ello, sin hacer nada. Guarda silencio con tus ganas de hablar. Los primeros minutos pueden ser realmente difíciles para ti. Pasar. Después de 5 minutos, su mente puede comenzar a rogarle que hable nuevamente. Pasar. En los primeros minutos de silencio, tus pensamientos y emociones se fortalecerán y experimentarás la conciencia de las sensaciones corporales y mentales. ¿Cómo se manifiesta en el cuerpo tu deseo de hablar? ¿Hay una voz en tu mente que se queja de este silencio? Si puedes ser consciente de tu cuerpo y tu mente, ¿eso significa que no lo eres? Entonces, ¿qué eres ahora, en este silencio? Respira, calla, no saques conclusiones. Las conclusiones son una tentación de la mente para dar sentido a las cosas y etiquetarlas.


El observador consciente, sin juicio En silencio, inmersos en nuestras sensaciones corporales y mentales, nos convertimos en observadores conscientes, sin juicio y sin necesidad de pensar o sacar conclusiones. La impaciencia y el deseo de hablar se disuelven tan pronto como comenzamos a escuchar la verdad que acabamos de mencionar. ¿Quién tiene ganas de hablar? ¿La mente? ¿El cuerpo? Ciertamente no el observador, simplemente observa todo lo que sucede en el silencio del momento presente. Hacer que todo esto suceda es pura meditación. ¡Con los ojos abiertos! Solo a través de la paciencia podemos lograr la paz, la calma y la claridad mental. En esta espera, en esta ausencia de ruido, además de recuperar la calma perdida, somos capaces de comprender y reevaluar el peso de las palabras que nos hubiera gustado decir (si hubiéramos podido hablar) y posicionarnos en lo cotidiano. desafíos con nuevos puntos de vista, que tal vez, llevados por las inquietudes de siempre, aún no habíamos logrado ver. El silencio, por tanto, puede ser una fuente de gran inspiración, así como un profundo estado meditativo.


Entonces, ¿cómo empezar? No hay reglas para practicar el silencio, cada uno de nosotros es libre de interpretar esta práctica como lo crea necesario. Pero, ¿cómo empezar? ¿Cómo recordar hacerlo? Hay algunos trucos para recordarte el silencio, algo que te puede ayudar a pensar: “¡Ah, sí! ¡Bien! ¡Esta es una situación en la que podría estar en silencio por un tiempo!”

  • El método Post-it: escribe palabras como "silencio", "momento presente" o "meditación" en notas post-it y pégalas en los objetos que usas con más frecuencia durante el día. Cada vez que cojas uno de estos objetos recordarás la práctica y será un buen momento para experimentarla, aunque sea por unos minutos.

  • Un momento de ira: sabemos lo fácil que es decir cosas que realmente no queremos decir en un momento de ira. Presos de la ira, nos abandonamos a nuestras emociones y damos rienda suelta a nuestra mente, dándole permiso para elaborar las peores maldades hacia el desdichado para tranquilizar a nuestro Ego de las amenazas que acabamos de sufrir. Este proceso, aunque sea difícil tomar conciencia de él, sólo conduce a un mayor sufrimiento ya que enfadarnos de ninguna manera nos hará sentir serenos y en paz. Así que tan pronto como sientas que la ira se apodera de tu mente, respira hondo y trata de estar en silencio por un tiempo. Verás que después de esa pequeña pausa, podrás comunicar más tus intenciones sin desencadenar más discusiones.

  • Cuando quieras: ¡no hay reglas para meditar o permanecer en silencio! Cuando esta práctica le venga a la mente, siéntase libre de no hablar todo el tiempo que quiera. ¡Notarás los beneficios enseguida!

Conclusión Estos son solo pequeños consejos, cada uno de nosotros puede encontrar su propio método para recordar la práctica y hacerla lo más efectiva posible. Sentir lo que es verdadero dentro de nosotros siempre será más efectivo que confiar en una enseñanza o un maestro. ¡Que el silencio te traiga tanta paz y calma interior! Namasté.

 

Retiros del silencio, una experiencia unica de conciencia





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